¿Cuántas veces has contratado a alguien con grandes esperanzas, solo para descubrir en las primeras horas que no encaja? Es una pregunta que todo emprendedor se ha hecho, y es más común de lo que imaginamos. Recientemente, un debate viral en comunidades empresariales ha puesto sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿cuándo es responsabilidad nuestra capacitar a un nuevo empleado, y cuándo es señal de que cometimos un error en la selección? La respuesta no es blanca ni negra, pero entenderla puede transformar la forma en que construimos nuestros equipos.
Aquí está la verdad que pocos quieren admitir: el problema rara vez está solo en el empleado. Cuando alguien fracasa en sus primeras horas, generalmente es porque hemos fallado en tres áreas críticas. Primero, en la selección: ¿realmente evaluamos sus competencias y actitud durante la entrevista? Segundo, en la onboarding: ¿le dimos una inducción clara o lo lanzamos al agua esperando que nadara? Y tercero, en nuestras expectativas: ¿esperábamos que fuera productivo desde el primer día sin apoyo? Como líderes, tendemos a culpar al empleado cuando la responsabilidad comienza en nosotros. El entrenamiento no es una debilidad del nuevo contratado; es un signo de madurez empresarial.
Sin embargo, también es verdad que no todos están dispuestos a crecer. Hay una diferencia crucial entre alguien que comete errores porque no sabe (situación entrenable) y alguien que no intenta, no pregunta, o tiene una actitud de indiferencia (situación de alineación valores). Tu trabajo como líder es identificar esto rápidamente. Durante los primeros tres días, observa: ¿el empleado hace preguntas? ¿Muestra humildad? ¿Intenta mejorar tras recibir retroalimentación? Si la respuesta es sí, invierte en entrenar. Si es no, entonces talvez no sea un problema de capacitación, sino de encaje cultural o disposición.
Aquí viene mi consejo práctico para hoy: implementa un sistema de evaluación de 48 horas para cada nuevo contratado. No es despedir rápido; es decidir rápido. En esas primeras 48 horas, documenta qué comportamientos ves (preguntas, actitud, esfuerzo). Si es alguien entrenable, diseña un plan de capacitación claro con hitos diarios. Usa herramientas como Odoo ERP para crear procesos de onboarding estructurados, asignando tareas y supervisando el progreso sin dejar espacios a la improvisación. Cuando tienes claridad en los procesos, los nuevos empleados saben exactamente qué esperas, y tú sabes rápidamente si pueden entregarlo. La diferencia entre un líder exitoso y uno promedio está en que el primero entiende que el entrenamiento es inversión, no gasto.
Recordemos que cada persona que entra a tu empresa representa una oportunidad: no solo para ellos de crecer, sino para ti de liderizar con propósito. Como dice el dicho empresarial: «No heredo empleados, cultivo líderes». Tu responsabilidad es clara: selecciona bien, entrena con intención, y sé honesto rápidamente si el encaje no existe. Pero no confundas un primer día difícil con una mala contratación. Dale al talento correcto las herramientas correctas, y te sorprenderá lo que puede lograr. Hoy, revisa tu último contratado: ¿le diste una verdadera oportunidad de triunfar, o lo dejaste a su suerte?

